Desde tiempos inmemoriales, la soledad ha acompañado al ser humano. Y tenemos la misma cantidad de tiempo intentando huir de ella. Generalmente, la soledad se asocia a términos como abandono, desamor, fracaso, depresión y cualquier otro estado anímico negativo y, por tanto, doloroso.

En nuestra sociedad, el “estar solo” se refiere a la ausencia de pareja. Es decir, se puede estar viviendo en tribu, pero si no se tiene un compañero afectivo, se considera que la persona está sola. No importa si se tiene media docena de hijos, tres gatos y dos perros, mientras no se tenga una pareja se considera que la persona está sola. Sola.

Sin embargo, muchos expertos en salud mental aseguran que la soledad no equivale a fracaso alguno. Por el contrario, la soledad es privacidad, un momento de reflexión, de desahogos, de éxito frente a fantasmas internos. Todo depende del cómo se asuma.

La soledad ofrece la gran oportunidad de descubrir las potencialidades, de hurgar y sacar a flote nuestros verdaderos valores, de conseguir respuestas a preguntas que requerían de concentración y tiempo, de rescatar quiénes en realidad somos. En la soledad se manifiesta lo que en realidad somos. Y el conocimiento de sí mismo es la base de una verdadera felicidad. La autenticidad atraerá amigos, con los cuales crear vínculos basados en la verdad. Esas relaciones nos hacen felices.

Es la soledad la que impulsa la creatividad. Los grandes inventores han sido personas solitarias. Si estás solo, sé feliz materializando aquello que alguna vez soñaste.

Quien no es capaz de ser feliz solo, tampoco lo será acompañado. La soledad te acompaña dotándote de discernimiento de lo que te gusta, de tiempo para hacer lo que te agrada, de tener una rutina sin carreras, de ir adonde te plazca. Y, al descubrir que no necesitamos de nadie para estar bien, nos permite conocer una felicidad que depende únicamente de nosotros. Asimismo,  nos hace más resistente ante las adversidades. Sé feliz realizando tus tareas a tu ritmo, sin relojes humanos que atropellen tu tiempo. Eres el gestor de tu vida, nada te es impuesto. Haces lo que quieres y cuando quieres.

Al huir de la soledad, huimos de nuestro propio mundo interno, de nuestros miedos, de nuestras emociones. Al aceptarla, salimos fortalecidos si a su lado nos hemos autodescubierto, comprendido, perdonado y amado tal como somos. Y que mayor satisfacción que el haber aprendido a ser feliz con el único ser que siempre estará con nosotros: nosotros mismos.