Optimismo para algunos se expresa en un conjunto de palabras tales como: poder, alegría, persuasión, positivo, afirmación, elección, trabajo, esfuerzo, toques de locura y pare de contar. No obstante, los grandes –aquellos que alcanzan lo que desean– tienen un poco de todo eso, pero también algo más: determinación y empuje para remontar los grandes obstáculos hasta alcanzar el objetivo deseado.

Hoy en día estamos plagados de literatura sobre mente positiva, alcanza tus sueños, sigue adelante, ley de la atracción, metafísica y todo tipo de libros de autoayuda. No obstante, analizando el significado de lo que es ser más optimista, puede encontrarse que implica una racionalidad científica cuyos fundamentos básicos serían: autopercepción (psicología), asertividad (ética) y cambio (filosofía de vida). Con estos 3 fundamentos mejoraría internamente contra las adversidades de la vida, del amor, del mundo laboral y de todo el ámbito que nos rodea.

El primer fundamento refiere a un profundo cambio interno referente a la percepción de sí mismo y de su propio entorno. Eso conlleva un entramado de relaciones interpersonales aunado a la visualización mental de sí mismo. Somos lo que pensamos: vemos éxito en lugar de fracasos, vemos bondad en lugar de maldad, vemos trabajo en lugar de cargas, vemos retos en lugar de obstáculos y esto fundamenta una correcta autopercepción de sí mismo y del entorno.

El segundo fundamento es la asertividad: Dejamos la fase de “tú tienes la culpa del desastre”… a la fase de “revisemos qué pasó, qué debemos hacer, cómo lo haremos, cómo planificamos”. Esta es la etapa en la cual razono y argumento de manera propositiva. Es el paso de la defensa acérrima a la humildad liberadora; es decir soy asertivo, defiendo mis derechos con dignidad, sin violencia y, con ello, quienes me rodean me respetan y coadyuvan a conseguir las metas. Ello nos hace pensar en alcanzar todo lo posible y asumir ser positivo tanto a corto, mediano y largo plazo, visualizando a dónde quiero llegar. En otras palabras, cambié el dial de la estación y sólo sintonizo (en mi mente) argumentos transformadores. De allí que soy capaz de trabajar en equipo hacia una meta común y transmito eso a los demás.

El tercer y último fundamento es el cambio; es decir la acción, la transformación de la realidad negativa, asumiendo los obstáculos como retos para obtener los preciados objetivos, a través de la planificación. Si tropiezo, mi autopercepción me inspira para levantarme nuevamente y la asertividad me hace razonar de forma propositiva. En conclusión, el conjunto de la articulación de los tres fundamentos, permite una práctica más optimista de la vida, pero de manera constante, no inestable.