Es tan fácil hablar de la madre.  Para los seres humanos es algo así como la mejor expresión de “la divinidad hecha esencia en la tierra”.  No obstante, preguntamos qué es ser una buena madre es una seria interrogante. Parecería que madre puede ser cualquiera capaz de parir, pero las buenas madres parecen no crecer en los árboles.  Una buena madre es, básicamente, aquella que ama de manera incondicional, que renuncia a favor de, que entrega por encima de, y que protege más allá de.

En nuestras sociedades se puede notar muchos tipos de madre,  gritonas, peleonas, compañeras, amigas, proveedoras, amables, alegres, fiesteras y molestosas; trabajad oras, dadivosas, celosas de su entorno, fuertes ante la adversidad que pudiera atentar contra sus hijos, y pare de contar.  Pero estos no parecen ser los parámetros que definen el ser una buena madre.

Una buena madre parece aquella capaz de comprender que el hijo que ha tenido algún día será  ciudadano de una sociedad y entonces se enfoca en criar un ser humano capaz de vivir en armonía con los demás, respetuoso, tolerante, responsable. Y para ello debe realizar algunas decisiones que parten de la cabeza y no del corazón. ¿Ser buena madre? Decidir con raciocinio, no con sentimentalismos.

De esta manera, comenzará con establecer una diferenciación entre ella y sus hijos. Ella es la figura de autoridad, no de autoritarismo, pero es quien pone los límites. En la medida en que los hijos crecen, si desde pequeños han comprendido que su madre sabe el porqué toma decisiones, podrán confiar en ella o pedir explicaciones. Saben que las tendrán. Asimismo, estarán conscientes que lo que se exige ha sido consensuado con el padre.

Una buena madre aprende a conocer a sus hijos, a saber de qué son capaces. Por ello, podrá saber cuándo estimularlos, cuándo hacerlos reflexionar sobre lo que han hecho, cuándo hacerles desistir, cuándo defenderlos, si se presentase una situación de conflicto. Sin vendas en los ojos reconoce que sus hijos quizás sean sus seres más amados, pero que son humanos y los acompaña en su crecimiento, pero sin sobre protecciones ni defensas a toda costa.

Una buena madre sabe ser amistosa con sus hijos pero,  al mismo tiempo, comprende que ellos no son sus amigos sino sus hijos. Por ello, exige de manera amorosa respeto y obediencia y ofrece protección, amor a manos llenas, cuidados, abrazos, consejos. Está allí para sus hijos, pero los estimula para que tengan amigos y, que de ser posible, lo sean de sus propios hermanos. Una buena madre crea un ambiente para que los hermanos sean compañeros sin rivalidades.

Ser buena madre se trata de decisiones bien tomadas de forma tal que sus hijos sean independientes, productivos, buenas personas. Y que sepan amarla mientras  está viva y honrar con su forma de vivir lo que les dio cuando ella ya no esté.